miércoles, 9 de junio de 2010

Prefacio a la XIX edición de la Copa Mundial de Fútbol

2010 año del mundial. Más se acerca la fecha de la Copa FIFA, más protagonismo comienza a tener el fútbol en nuestras vidas. En la televisión y la radio los programas dedican una cantidad de horas considerables (por no decir exageradas) a analizar los jugadores, el cuerpo técnico, los mundiales pasados, la historia de cada equipo, etcétera; los diarios y revistas realizan suplementos especiales con “todo lo que uno quiere saber” de las selecciones que participan en la competencia; internet es una batahola de propagandas, todas las marcas apoyando el deporte más querido por los argentinos; los concursos y sorteos para ir a ver el Mundial abundan; los argentinos hablamos, escuchamos, opinamos, queremos, odiamos, vomitamos fútbol.

En 1978 el lugar de la competencia FIFA fue Argentina. El evento sirvió como herramienta para distraer a gran parte de la población argentina, mientras que la dictadura cívico-militar que, por entonces, gobernaba nuestro país realizaba sin obstáculos lo que fue uno de los mayores horrores de nuestra historia. Esto ocurrió no sin la colaboración de quienes detentaban la propiedad de los medios de comunicación, quienes seguían paso a paso al equipo dirigido por César Luis Menotti evitando mostrar la masacre que se estaba realizando en nuestro país.

Durante el torneo del 78 los medios más confiables eran los extranjeros, junto a organismos de derechos humanos y exiliados argentinos en Europa, cuestionaban la realización del Mundial en Argentina y denunciaban los crímenes que se estaban llevando a cabo. Para la Junta Militar esto formaba parte de una campaña antiargentina dedicada a mostrar una imagen falsa de nuestro país. Para combatir esta campaña el gobierno de facto contó con organismos propios de difusión y la colaboración de periodistas y medios argentinos, los cuales se dedicaban a desmentir los discursos que hablaban sobre la masacre que ocurría en Argentina, impregnados de un fervor nacionalista que se relacionaba con la ideología del Proceso de Reorganización Nacional.

Así se referían los dos periódicos históricamente más grandes de la Argentina:

... que la insignia gloriosa de Belgrano cubra con sus colores el ámbito entero del país, agitada por el fervor que ansía verla ondear airosa en el mástil mayor del escenario en el que se pondrá término al certamen deportivo que viene librándose. Tantos miles y miles de banderas y escarapelas como las que engalanan los edificios y las vidrieras de las comercios, flamean en los automóviles y lucen gallardas en los pechos de los niños y las personas mayores, constituyen mucho más que la expresión de júbilo popular del momento o de la adhesión exaltada al seleccionado nacional...” (La Nación – Edición del 20 de junio de 1978).

... Éste deporte tenía la ventaja adicional de concentrar la atención mundial, permitiendo borrar a la vez imágenes falaces que se propalan sobre nuestro país en el exterior, y las propias sensaciones, interiorizadas de quietismo o incapacidad ...” (Clarín 26 de junio de 1978)[1]

En el Centro Clandestino de Detención que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) se encontraba lo que los prisioneros denominaron “la pecera”, un lugar donde los secuestrados trabajaban en difundir información que fuera consonante a los intereses de la dictadura y archivar lo que se difundía sobre Argentina en el extranjero.

Con un gran aparato de difusión a su favor, censurando las voces opositoras, evitando mostrar el reclamo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, con la complicidad de un sector de la sociedad y la ignorancia de otro, la junta militar tuvo camino libre para implementar, mediante el horror, las políticas neoliberales que condenaron el futuro de nuestro país. No es la primera ni última vez que un acontecimiento deportivo, en el caso particular de la Argentina el fútbol, es utilizado para narcotizar a la sociedad. No dejemos que este 2010 sea sólo el año del mundial.

Por Andrés Wursten - Miembro del Observatorio Comunicacional

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